Creado en 04 Julio 2010
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Por Alberto Híjar Serrano

"Roque Dalton no sólo es poeta y revolucionario o no sólo lo es en sus poemarios, sino extiende su dimensión estética al testimonio. Tal ocurre en Las historias prohibidas de Pulgarcito (1973) y más aún en Miguel Mármol, los sucesos de 1932 en El Salvador (1983)".  

   

El camino rápido y fácil es el de seleccionar aquellos poemas donde la ironía sea obvia. Por ejemplo, el de “Macao donde el opio es el opio del pueblo” o el que evoca el albur mexicano: “¿Chile? depende” o los que se valen del habla popular para amainar las tentaciones de la real academia. Pero ni aún así el trabajo resulta porque “la segura mano de Dios” reproduce la narración sobre el asesinato del tirano Maximiano Hernández Martínez con la contundente sencillez de su mozo a quien escupió y le asestó decenas de puñaladas no muy hondas porque pobre viejito para dar a entender la tierna descripción de la sevicia de quien hablaba en musaraña protegiendo a las hormigas pero no tuvo empacho en ordenar la masacre de treinta mil salvadoreños comunistas reencarnables. La reflexión se complica con el uso de formas coloquiales como el “hacer huevos” como evidencia de la articulación de la ironía y el sarcasmo con el habla popular como recursos realistas para poner en acción “caracteres típicos en situaciones típicos” como recomendara Engels en 1881 a Margaret Harkness a quien también explicó la necesidad de “la forma sin adornos” y de no explicitar las preferencias políticas.

 

 

 Por tanto, la dificultad investigativa renuncia a la casuística fatigada por los profesores que ejemplifican con los casos favorecedores de sus tesis peregrinas sólo para dar paso a la tentación clasificatoria y con ella, al atentado contra la totalidad compleja y dialéctica. Habría que elegir un poemario, taberna y otros lugares, porque concursó y ganó el Premio Casa de las Américas en 1969 y es de suponerse que cuidó en extremo cada una de sus líneas. Pero aquí salta otra objeción, la de Carlo Ginsburg, investigador del paradigma indiciario como clave del sentido no racional ni conciente que hace de los detalles en apariencia insignificantes, el fundamento de los misterios que conducen  las estrategias de Sherlock Holmes y llevaron a Freud a descubrir el inconsciente para revolucionar la psicología y abrirle a las teorías de la significación un rico universo irreductible a las declaraciones explícitas del autor y los críticos empeñados en interpretaciones literales. Roque Dalton alude a todo esto en la Dedicatoria de Taberna…donde dice: “querido Jorge: yo llegué a la revolución por la vía de la poesía. Tu podrás llegar (si lo deseas), si sientes que lo necesitas) a la poesía por la vía de la revolución. Tienes por lo tanto una ventaja. Pero recuerda, si es que alguna vez hubiese un motivo especial para que te alegre mi compañía en la lucha, que en algo hay que agraceruelo también a la poesía”. El remate sarcástico precisa que de no ser revolucionario, aún estaría “fumando su margarita emocionante, bebiendo su dosis de palabras ajenas, volando con sus pinceles de rocío”. Y sin embargo, Roque se valió de las palabras ajenas para distanciarse de su entorno. De aquí los títulos repetidos de los poemas de La ventana en el rostro: “Poems in law to Lisa” o los titulados “Sir Thomas”, “Matthew”, “Samantha”, “Lady Ann” con referencias al “peor bar de Chelsea (1952) como para dar fe de la referencia real y su alternancia con “Seis poemas en prosa”. “La segura mano de Dios” sobre el asesinato de Hernández Martínez y otros donde el título parece inadecuado como “El obispo” donde nada hay sobre el cargo religioso a cambio del final aparentemente inconexo: “los hombres en este país son como sus madrugadas/mueren siempre demasiado jóvenes/ y son propicios para la idolatría./Raza dañada./La estación de las lluvias es el único consuelo” advierten la amplitud de recursos literarios incluyentes de la escritura automática y de la declarada aversión al nerudismo y su sentido telúrico. La ternura se incluye siempre, salvo en los minipoemas burlescos y en especial en el poema en prosa “El 357”, referente al custodio de la cárcel que le pidió un poema sobre las montañas de Chalatenango “para guardarlo como un recuerdo después de que me maten”. Todo es contradictorio, todo es complejo pero hay que apuntar al dominio significante. En fin, que se trata de armar una estrategia con todo y sus prácticas perentorias, para dar a entender la dialéctica entre “Revolución y Poesía”, con mayúsculas y minúsculas de deslinde de los puetas con los poetas y de la literatura con la litterature, todo concretable con ironía y sarcasmo, con ternura, amor y furia ante personajes entrañables como el chiapaneco Carlos Jurado, cirquero, morterista pintor y grabador bienamado por su mujer Chichai  a quien se le encienden los ojos cuanto pronuncia su nombre.

 

Taberna… termina con una especie de poema dadaísta a partir del conversatorio,  nombre muy cubano construido entre 1966 y 1967 en Praga con el “recogimiento directo de las conversaciones escuchadas al azar y sostenidas entre sí por jóvenes checoeslovacos,  europeo-occidentales y en menor número latinoamericanos, mientras bebían cerveza en U Fleku, la famosa taberna praguense”. Las dedicatorias dan pistas de las actividades de Roque representando al Partido Comunista Salvadoreño que sólo así lo libró de la persecución en El Salvador: Regis Debray y Elizabeth Burgos, Saverio Tuttino, Alicia Eguren, Aurelio Alonso, José Manuel Fortuna y Hugo Azcuy en ese orden iniciado con el joven filósofo althusseriano autor del clásico. Revolución en la Revolución que con todo el apoyo de los dirigentes cubanos, dio a conocer las líneas revolucionarias que liberarían a América Latina toda. El azar es puesto en orden y con el resulta un discurso lleno de paradojas y menciones extravagantes como “las tetas de Lucy· y de frases tan elocuentes como la de “· Quedas temporalmente perdonado santo- buey-mudo, cálmate” o las decididamente políticas”, pero eso es confundir al partido con André Bretón” y luego de terminar con la ternura, añadir también en mayúsculas, “pero eso es confundir al partido con mi abuelita Eulalia”.  Entre cursivas y mayúsculas, el azar construye la desacralización de todo, incluyendo a los hombres egregios como “Dostoiewsky (que) es una especie de Walt Disney que sólo contó con un espejo” o Cristo que si “entrara hoy al Vaticano pediría una máscara contra gases” para concluir “Oh Dios mío, Dios mío, ¿no podrías ser Tú quien pasara la noche con ella?”.

 

Antologador de Roque (Poesía roque dalton, Col. La Honda, Casa de las Américas, Cuba 1980) cuando ambos refugiaron en La Habana sus militancias revolucionarias, Mario Benedetti (“Los mayos de Roque”, El País para El Nacional, sábado 21 de mayo de 1994) plantea el humor como recurso reflexivo y como chiste siempre listo contra los solemnes aunque “nunca llevó a su poesía la broma en bruto, sino la metáfora humorística”. Hay siempre un referente al que denuncia de modo sorpresivo valiéndose del distanciamiento para combinar a Brecht con el montaje de atracción de Eisenstein. Hasta Fidel resulta tocado al poner en boca del niño meón de Bélgica la frase “La historia me absolverá” y al registrar la afirmación del dirigente comunista venezolano Teodoro Pettkov del trotskysmo como un preservativo contra las buenas (sic) ideas y manifestar su desacuerdo porque ¿de qué sirve un preservativo en el asilo de ancianos? para descalificar ante los entendidos a las dirigencias de los partidos comunistas siempre cautelosos ante la lucha armada.

 

 

El “sutil humor inglés” el de Macedonio Fernández y hasta el de Bustos Domecq, le parecen a Benedetti fuentes daltonianas, nada de lo cual impide hacer de la ironía una “mera alegría de vivir” como cuando dice de “los poetas comen ángel en mal estado” y claro, cuando los distingue de los puetas del lado del pueblo. La dimensión coloquial incorpora usos del habla popular necesarios para dar a entender el tierno amor ante hombres infames como Francisco Sorto, el preso enloquecido luego de cuatro años en la oscura celda de castigo de donde salió para correr todas las tardes ante el vuelo de las parvadas gritándoles tangos argentinos. “La alegría también es revolucionaria” afirma en el poema “Escrito en una servilleta” y en otro renuncia a la vejez al afirmar “pienso seguir siendo un muchacho por treinta años más”. De mecha corta, el talante de Roque siempre estuvo listo para la broma y también para el enojo, grave condición para un militante revolucionario.

 

Pleno de amor pleno, irreductible al amorío, Roque construye a la Patria, la comunista, la cubana, la propia, la de su formación política y militar y la del socialismo. Nada de esto está aislado, todo está en tensión constante y sólo cuando rinde culto a la mujer desnuda, prescinde de la referencia política directa como hace notar Benedetti. Pero la totalidad de los poemarios y el accionar cotidiano del crítico de los procesos revolucionarios capaz de alternar esto con la charla y el canto de corridos y tangos tan poéticos como el de Rosita Alvirez que el día en que la mataron estaba de suerte porque de tres tiros que le dieron sólo uno era de muerte, construyeron una figura histórica y social incluyente de su desempeño cotidiano. Todo por la poesía, todo por la revolución. No cultivo Roque el culto dramático ante la muerte sino le incorporó el sentido sobre Rosita Alvirez cuya “casa era colorada, con la sangre de Rosita le dieron otra pasada”salvo cuando corresponde al testimonio estricto como las numerosas puñaladas al viejito Hernández Martínez o el poema sobre el dirigente estudiantil revolucionario cubano José Antonio Echeverría caído en el asalto al Palacio Presidencial del dictador Fulgencio Batista. La muerte le parece a Benedetti parte del dolor-amor por su paisito, por los guanacos hijos de puta…eternos indocumentados…los hacelotodo…los vendelotodo…mis compatriotas mis hermanos del Poema de Amor musicalizado por Yolocamba I Ta para hacer llorar a los interpelados. Pidió no pronunciar su nombre cuando muriera y Benedetti lo objeta porque “pronunciar su nombre es una forma más de perpetuar ese temple vital que él mismo dio en llamar su júbilo matutino y palpable”.

 

Pero Roque Dalton no sólo es poeta y revolucionario o no sólo lo es en sus poemarios, sino extiende su dimensión estética al testimonio. Tal ocurre en Las historias prohibidas de Pulgarcito (1973) y más aún en Miguel Mármol, los sucesos de 1932 en El Salvador (1983) que de ser un proyecto de entrevista en Praga al nonagenario comunista, se convirtió en un largo alegato de militancia revolucionaria compleja. Del jugo que Roque podía sacar a quien fue fusilado y sobrevivió luego de salir herido del montón de cadáveres, hubo que precisar detalles de la militancia comunista del zapatero con escasas lecturas obligadas por el Partido sin abatir el alerta para descubrir lo común con quienes sobreviven gracias a su instinto de clase  y a los modos de apropiación de las cosas por vías no racionales. (No conoció Roque la obra de Carlo Ginsburg sobre el paradigma indiciario, ese recurso vital distinto al racionalismo que sólo tiene unos tres siglos de dominio cognoscitivo según dice el teórico italiano). De aquí la necesidad de encontrar los causes de la revolución necesaria ignorada en los manuales soviéticos, no tanto en los chinos y africanos.

 

Un libro rojo para Lenin (ed. Nueva Nicaragua, Col. Séptimo Aniversario, Nicaragua, 1986. Ocean Sur, 2010) es un gran montaje de lo seleccionado en los textos de revolucionarios teóricos y prácticos de modo de integrar lo que Althusser llama la práctica teórica, alternados con comentarios satíricos y observaciones de apropiación incluso al sentirse interpelado por ejemplo, cuando “Lenin me dejó un consejo con Maximo Gorki” a propósito de evitar “el ambiente de los intelectuales burgueses”. Reivindicar la lucha armada, superar los rígidos rituales disciplinarios de los partidos comunistas, probar la necesidad de apropiarse de lo mejor de la cultura burguesa en beneficio de la riqueza literaria, criticar la vía electoral y todo reformismo, dan lugar a la estrategia de lo que en estricto sentido puede llamarse escritura militante donde caben todas las formas de lucha si y sólo si se sometan a la crítica revolucionaria sin concesiones.

 

¿Revolución en la revolución? y la crítica de derecha (Casa de las Américas, Cuba, 1970) es una crítica política al texto de Regis Debray rápidamente convertido en biblia revolucionaria por los encuentros en Cuba de dirigencias en lucha armada. El brillante joven filósofo discípulo de Louis Althusser quien tanto hizo por revolucionar al marxismo-leninismo en su bienvenida crisis, bien merecía la reflexión crítica precisa que Roque emprendió con un conocimiento exacto de cada situación concreta en América Latina. La desavenencia con Shaffik Handal, multicitado como Secretario General del PCS llegaría como consecuencia del texto cuando descubrió a Salvador Cayetano Carpio, el comandante Marcial de las Fuerzas Populares de Liberación organizadas luego de su renuncia al cargo de Secretario General del PCS con una decisión contundente ante quienes como Handal negaban la posibilidad de la lucha armada en El Salvador. El comandante Marcial afirmó: “nuestras montañas son las masas”. De no ser así, ni en Uruguay donde los Tupamaros probaban la eficacia de la guerrilla urbana ni en El Salvador sin grandes masas montañosas, sería posible la revolución y Cuba seguiría siendo excepción histórica pese a la argumentación teórico-práctica del Che. De aquí la guerra popular prolongada explicada como necesidad en el Libro rojo para Lenin luego de su conocimiento como parte de su formación político-militar en julio de 1973 en Hanoi. Once años pasaron para que el libro se publicara con un prólogo de Arqueles Morales el poeta revolucionario guatemalteco tan compañero entrañable de Roque como Otto Rene Castillo. En medio de una primera página y fechada en Managua, 1985 queda la frase “a Fidel Castro, primer leninista latinoamericano en el XX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, inicio de la actualidad de la revolución en nuestro continente”. Completan las fuentes de Roque la frase de Althusser como epígrafe: “escribo estas líneas en mi nombre y como comunista que sólo busca en nuestro pasado algo con que esclarecer nuestro presente para esclarecer después nuestro porvenir”. Más claro ni el agua y el título de un largo texto poco difundido por obvias sinrazones represivas: “Partido revolucionario y lucha armada en la formación social contemporánea de El Salvador” sin duda influido por la propuesta de partido de nuevo tipo del comandante Marcial y como prueba de que Roque Dalton no fue solo su apariencia de intelectual y periodista bromista y enamoradizo a la que lo quieren reducir quienes como Elena Poniatowska lo tratan como “tonto, tontito Roquito, tonto, cien veces tonto, tu mismo lo dijiste, somos antiguos panes vanidosos, tontito Roque por crédulo, por cándido por hacerte las ilusiones, por creer que el Partido-Dios salva a los hombres, por caminar confiado, audaz, simpatiquísimo, extraordinariamente creador…” basta de zalamerías. La laureada escritora, confiesa “no conozco El Salvador y tampoco conocí a Roque, pero muchos han hablado de él con verdadero júbilo relatando sus pulgarciteadas, sus cárceles, las palizas, los ojos moros, las últimas mujeres que lo amaron convertidas ahora en ánimas del purgatorio”. Total, un bohemio simpático impertinente hasta terminar asesinado por la dirigencia del ERP como prueba de la ideología clasista triunfante ante el desconocimiento de los procesos revolucionarios y sus militantes en constante conflicto dialéctico entre las necesidades político-militares y la disciplina personal frente a partidos  con dirigencias malformadas. Pese a todo la escritora termina afirmando: “y de la cara de Centroamérica no huirá tampoco el viento porque sabrá levantarse y en el último momento disparar contra el asesino” en un ejercicio de retórica hábilmente instrumentado (Prólogo a Un libro levemente odioso, UCA Editores, San Salvador, 1989, fechado en México, julio de 1988).

   

El Instituto Cubano de Radio y Televisión comisionó en 1973 a Nina Serrano-Landau para la producción con música de Silvio Rodríguez y dirección de Ana Lasalle y Pedraza Ginori para producir los dos actos del western histórico  que parte de Arizona y México y llega hasta Guatemala y El Salvador titulado Dalton y Cía “donde se cuenta la vida y milagros, las aventuras económico-morales y las malandanzas de los nunca bien ponderados hermanos Frank y Winnall Dalton en las hermosas (aunque inestables) tierras centroamericanas de Guatemala y El Salvador pobladas como siempre de generales y mariposas” (1968). El anacronismo deliberado del subtítulo como de relato caballeresco, pone  en situación fársica a los personajes con la alusión a la CIA, presente hasta en la venta de ascensores de difícil manejo en las zonas de alta sismicidad a donde los venden los Dalton, en fin, dice Ileana Azor (“Diálogo inconcluso sobre el teatro de Roque Dalton” en Conjunto, Teatro Latinoamericano, Casa de las Américas, No. 54, oct-dic 1982, Cuba): “el discurso del Comandante Guevara en Punta del Este cierra el espectáculo  y resume gráficamente el sendero irreversible de los pueblos latinoamericanos”. Le parece que la pieza teatral “prefigura toda su obra posterior relacionada con las búsquedas que iniciaron Brecht, Piscator y Reinhardt en la década de los veinte interesados por los canales expresivos no verbales que rebasaron el teatro de la palabra y que estaban siendo asimilados desde hacía unos años en nuestro continente”. Montaje de atracción, distanciamiento, collage, signos no verbales, oralidad coloquial y usos del cuerpo, impulsaron el proyecto Animales y héroes de la Tierra del Sol  con evidente referencia al barroquismo del Glauber Rocha de Dios y el diablo en la Tierra del Sol.  Pensaba Roque enviarla a concursar a Casa de las Américas. No hubo tiempo porque tuvo que partir a incorporarse al ERP como combatiente militar y militante. Sol del río 32, un grupo de teatro adscrito al PCS en los 70-80 montaría con el sentido daltoniano La segura mano de Dios y las Historias prohibidas de Pulgarcito concluida con el poema “Todos nacimos muertos en 1932” y prolongado en el debate con el público en proceso de transformación a sujeto histórico solidario con la revolución popular (Híjar A. “Sol del río 32”, Conjunto idem.

    

“Las estrategias subversivas en la escritura exigen tanta y más reflexión que la de Laura Guerrero Guadarrama que así las denomina al investigar las claves de la obra temprana de Rosario Castellanos para dar a entender los avatares sociales de las mujeres (La ironía en la obra temprana de Rosario Castellanos, ed. Eón y Universidad Iberoamericana, ciudad de México, México, 2005). A diferencia de las primeras feministas que se valieron de “significados sumergidos” como los descritos por Sandra Gilbert y Susan Gubar (La loca del desván, la escritura y la imaginación literaria del siglo XIX, Valencia: Cátedra, 1998  Roque Dalton descara a la ironía como estrategia de combate, aclaración, denuncia, referencia popular. Nada de uso de los espacios en blanco descritos por Wolfgang Iser (El acto de leer, Taurus, Madrid 1987) salvo cuando el montaje de atracción exige el salto sorpresivo en un uso de la sorpresa textual al introducir un exabrupto.  Acierta Wayne Booth (Retórica de la ironía, Madrid, Taurus, 1989) al señalar que “la ironía es algo que libera mediante la destrucción de todo dogma. Destruye al hacer patente el ineludible cáncer de la negación que subyace en el fono de toda afirmación”.  De aquí que hasta Nicanor Parra le venga bien a Roque al menos en un poema pese a que el poeta chileno, a diferencia del resto de su familia, nunca tomó en serio la revolución pero hizo del negativismo una estrategia de crítica. De aquí la parodia, esa que incluye la elocuente historia de una poética atinadamente aportada por Alberto Torres (Este era una vez un pueta, Roque Dalton: literatura testimonial, familia poética y familia política, tesis profesional de Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, 2008) al Homenaje Rojo  del 12 de mayo en la Galería Autónoma sobreviviente a la destrucción del Auditorio Che Guevara por las autoridades de la UNAM. En ese poema está la posición del poeta que al paso de los días terribles y las tertulias en La Mazacuata, hasta que dejan de embriagarle el alma frases como “oh sándalo abismal, miel de los musgos…fulge lámpara pálida, tu rostro entre mis brazos…yo te libe la luz de tus mejillas…no hay Dios ni hijo de Dios sin desarrollo” al descubrir que no pueden pintarse en los muros por lo que el poeta integrado a la Sección de Propaganda y Agitación del ERP optó por pintar “viva la guerrilla” y “lucha armada hoy socialismo mañana”. Vale transcribir la conclusión de Roque Dalton a su poética: “y si alguien dice que esta historia es/esquemática y sectaria/y que el poema que la cuenta es una/tremenda babosada ya que falla/ “precisamente en la magnificencia de las motivaciones” que vaya y coma mierda porque la historia/no son más que la puritita verdá” (Poemas clandestinos firmados con los nombres de compañeras y compañeros caídos en combate). El realismo, esa difusa y confusa ideología artística, queda concretado como estrategia de escritura militante con todo y poética de altos vuelos.

   

Roque Dalton fue ejecutado por la dirección del ERP el 10 de mayo de 1975 al acusarlo de servir a la CIA. Su cuerpo arrojado en un terreno baldío de El Playón con otro ejecutado conocido como Pancho, quedó a ras de tierra y fue devorado por animales de presa. Los otros animales, los que lo condenaron y asesinaron son ahora Director Protección Civil en El Salvador y Asesor en Seguridad de Estados despóticos como el de México, el de Colombia y antes el de Argentina. Joaquín Villalobos, el excomandante del ERP que entregó su fusil a Carlos Salinas de Gortari en 2002 sobrevoló las cañadas de Chiapas para recomendar el exterminio militar del EZLN.  La dirección de 1975 recordada por Villalobos incluía además a “Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo” según declaró a Juan José Dalton, en entrevista publicada el miércoles 19 de mayo de 1993 en Excélsior. El funcionario de Protección Civil, Jorge Meléndez, excomandante Jonás está a salvo con la protección declarada por el presidente del gobierno salvadoreño que se autodenomina del FMLN. En la Cámara de Diputados de México hay quien quiere homenajear a quien cambió el nombre del Ejército Revolucionario del Pueblo por el de Expresión Renovadora del Pueblo.

    

Todo esto es espantosamente real, no es un sarcasmo.    

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