Creado en 14 Febrero 2015
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Dalton y la reescritura de la historia de la independencia (Parte II) - Tesis Dr. Rafael Dueñas Universidad Estatal de Nueva York

 

Dr. Rafael Dueñas

Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook

 

 

Dalton y la reescritura de la historia de la independencia

(Parte II)

 

 

Lo importante de la previa interpretación es que nos desvela que la independencia se llevó a cabo no porque eran los deseos de libertad los que operaban en aquel fenómeno, sino que los deseos de explotación requerían que se desplazara el aparato político hacia las manos de los criollos que luego instaurarían el neocolonialismo como sistema político y económico. Ante lo dicho, ¿qué interpretación puede dársele a esa memorable fecha de 1821 tomando en cuenta que los Estados Unidos comienza a desplegar el poder económico de la península? Recordemos que desde el siglo XIX, la oligarquía centroamericana ha vivido en Santa Alianza protegiendo sus intereses económicos a través de la apropiación del poder político, siempre definido por los lazos familiares. Por ejemplo, en uno de sus textos, titulado Centroamérica Comparada, Dalton declara que “el Presidente de la República de Nicaragua es el hijo del Presidente de la República de Nicaragua. Hay pues en la tradición nicaragüense, Presidente de la República de Nicaragua padre y Presidente de la República de Nicaragua junior” (“Poesía Escogida”, 179-80). Lo que él critica es el legado del poder político, pues con ello los propietarios de grandes haciendas convierten la tenencia de la tierra en la estructura dominante del neocolonialismo. “Bien pronto,” nos dice Dalton, “la propiedad privada... fue la forma dominante de propiedad agraria... (donde) el fenómeno de la concentración de la propiedad agraria (quedó) en pocas manos,” volviéndose en la tendencia fundamental del régimen político del neocolonialismo (El Salvador, 27).


            Si no se explica el molde bajo el cual los próceres de la independencia estaban actuando, la razón por la cual se habían reunidos los de la aristocracia colonialista aquel 15 de septiembre en la Ciudad de Nueva Guatemala resulta paradójico. De hecho, si a ello se añade el elemento de la tenencia de la tierra, la visión que se obtiene de la independencia es otra. El llamado resulta paradójico debido a que el motivo de la reunión era discutir la anexión de las tierras del istmo con las de México y no la separación de éstas de la península. La propuesta bajo la cual México buscaba anexión se establecía en El Plan de Iguala, organizado bajo las “tres garantías” siguientes: 1)- que México y el istmo invitarían a un rey español, de preferencia Fernando VII, a gobernar las tierras como un imperio independiente de España; 2)- dentro de estas tierras, la Iglesia Católica pasaría a ser la suprema y única autoridad religiosa; 3)- la diferencia existente entre los criollos y los chapetones debería dejarse en el pasado. Si anteponemos las demandas hechas por los criollos y las “garantías” que ofrecía el Plan de Iguala, descubriremos las “verdaderas” razones por las cuales los padres de la patria se habían congregado en aquella ciudad centroamericana, cabeza de la oligarquía istmeña.


            Ante la penosa situación en la cual se encontraba sumergida la economía del istmo, el Plan de Iguala resultaba ser para los oligarcas la solución inmediata. Siendo eso así, no resultaba paradójico que los grandes caudillos se hayan reunido para discutir la anexión del istmo con México. Sin embargo, lo que sí resulta sospechoso es que ese mismo día se haya declarado la independencia de Centroamérica. Resulta fácil argumentar que Delgado propuso que un intento de anexión era irracional, dado que una independencia tenía que tener como principio la total separación de cualquier imperio. Lo contradictorio, como advierte Dalton, es que

El chero José Matías luchó contra la anexión de
Centroamérica y México (aunque estuvo de acuerdo con anexarnos
a los Estados Unidos con el pretexto de que era una potencia democrática
y enemiga de las monarquías) fue uno de los que influyó
más para que al fin nos decidiéramos a ser independientes de
cualquier nación (por lo menos de nombre).
                                                                                           (Las Historias Prohibidas, 177)

Bajo esa interpretación se puede concluir que la independencia surge de los criollos y no del pueblo; lo cual aún sigue siendo una contradicción puesto que la máxima figura de la independencia “estuvo de acuerdo que con anexarnos/ a los Estados Unidos con el pretexto de que era una potencia democrática” (Ibid). Dalton quiere negar que se continúe afirmando que históricamente le debamos la independencia a la oligarquía, dado que bajo esa interpretación siempre se concluye que ese día “triunfó finalmente por amplio margen, la tesis que sustentaba la proclamación de la independencia de las provincias que hasta ese momento formaban el Reino de Guatemala, bajo la tiránica dominación española” (Zeledón, 16).


            Si ese día triunfó “la tesis que sustentaba la proclamación de la independencia” (Ibid), es importante preguntarse, ¿por qué triunfó? ¿Qué llevó a los próceres a cambiar de parecer si su reunión tenía como objetivo la anexión del istmo al territorio mejicano y no la separación de la península? Si nos fijamos en la fecha de la declaración de independencia y luego la fecha de declaración de anexión, (7 de febrero de 1822), aproximadamente cinco meses transcurren. De hecho, desde el 24 de enero de 1821 que Iturbide declara la independencia de México hasta el 15 de septiembre que se declara la independencia de Centroamérica no transcurren más que ocho meses. ¿Qué puede significar eso? ¿Había algo escondido detrás de esa “propuesta” de independencia?


            Independencia de México, independencia de Centroamérica y anexión de ambas, ocurren en el lapso de un año. A Dalton esto le parece sospechoso debido a que si había un sentimiento de independencia, ¿por qué durante tan poco tiempo giró hacia otro planteamiento? De acuerdo a él, “la anexión de Centroamérica al imperio de Iturbide, era la formula que impulsaba la oligarquía de grandes terratenientes, aristócratas, y alto clero” (El Salvador, 48). La oligarquía y los criollos se plantearon la independencia teniendo en mente que querían engañar al enardecido pueblo que proclamaba sus demandas en las calles y no en las cortes. ¿Suena tal propuesta incoherente aún tomando en cuenta que dos semanas después de declarada la independencia se propuso que había que elegir a los siete vocales que dirigirían el gobierno? En verdad no, pues dentro de esa misma disputa el Intendente enfadado gritó que “ni él, ni el Ayuntamiento tenían facultades para darle legalidad a lo que se estaba haciendo” allí (Cevallos, 44). El mismo hecho que se vea la independencia del istmo como resultado de la anexión con México implica que los criollos escondían sus intenciones en cuanto al verdadero proyecto de independencia. No es irónico entonces que históricamente se sigua insistiendo que Centroamérica no perdió sangre para conquistar su independencia, dado que la oligarquía siempre ha querido esconder a sus muertos.


            Dentro del mismo proyecto de independencia puede preguntarse, “[are] the elites represented by the national bourgeoisie and/or colonial administration... responsible for inventing the ideology and reality of nationalism?” (Founding Statement, 142) [7] . De acuerdo a éste análisis, “la ideología y realidad” del concepto de nación tiene sus fundamentos en la construcción que la burguesía propuso durante el neocolonialismo. Por otra parte, eso tampoco descarta la posibilidad de que el pueblo haya creado concientemente un concepto de nación distinto al de los criollos, ya que como nos advierte Dalton, no se puede negar que “sin el respaldo de las masas del pueblo los próceres no habrían podido ni siquiera plantearse en serio” ninguna resistencia en contra de la colonia, ni Iturbide (El Salvador, 55).


            ¿Cuál era el proyecto de la independencia? ¿Crear una nación? ¿Para quién? Citando el texto La Verdad Dalton declara que “inmediatamente después del 15 de Septiembre, la aristocracia colonialista comenzó a poner en práctica la segunda parte de su plan” (El Salvador, 51). ¿Qué segundo plan? Haciendo referencia a las fechas antes propuestas se descubre fácilmente que ese segundo plan era la anexión con México, puesto que con ello los criollos, a través del aparato político, lograban consolidar la explotación económica de los mestizos y los indios. Aún más, bajo esa misma intención los criollos lograban apropiarse (e instalarse dentro) del sistema colonial. De esa manera, Dalton desmiente que el proyecto primario de la independencia haya sido liberar a los itsmeños de los abusos infundidos por la colonia. De hecho, para Dalton hay cierta validez en decir que la independencia se llevó a cabo fue porque tenía como proyecto la anexión con México; mas eso tampoco implica que se le deba la independencia a México. La pregunta que queda por responder es si la anexión del istmo se declaró en febrero de 1822 y la anexión total se consumó el 7 de febrero de 1823, ¿por qué la tan anhelada unión solamente duró 4 meses?


            Una de las maneras de entender el corto plazo que duró la anexión es simplemente señalando que el fracaso se debió a que Iturbide no supo gobernar el enardecido pueblo istmeño. Después de todo no se puede olvidar que entre el decreto de anexión y la consolidación de la misma hay un trecho de un año. No hay duda que una de las razones por la cual la anexión fracasó fue debido a que creyendo haber ganado su independencia el pueblo luchó por no doblegarse al imperio de Iturbide. Para Dalton, el mérito de los verdaderos próceres de la independencia debería de radicar en el hecho de que muchos de ellos lucharon por no perder “la libertad” ganada al librarse del yugo español. Dicho de otra manera, “frente a sus vacilaciones (la de los próceres) y a sus líneas de compromiso mantenidas antes del 15 de septiembre, está su actuación positiva en defensa de la Independencia Nacional recién conquistada, impidiendo que los planes de la oligarquía se consumaran” (El Salvador, 52).


            Con esa interpretación Dalton peca de inocente, dado que hay otra más certera a los hechos históricos que acontecieron: los criollos utilizaron la anexión (el segundo proyecto) para cuajar un tercer proyecto: la consolidación autónoma del poder neocolonial que luego daría la entrada al imperio capitalista estadounidense. De acuerdo con Dalton, “la oligarquía dominante y el imperialismo norteamericano han tendido un velo sobre el pasado aborigen de El Salvador... con el objeto de hacer aún más honda la despersonalización del pueblo salvadoreño, necesaria para que la explotación no encuentre obstáculo de conciencia” (El Salvador, 18).


            Es importante aquí comprender que por “aborigen” Dalton no quiere directamente dar a entender que haya un problema indígena, aunque como veremos resulta coherente tener este aspecto en mente. A lo que él se refiere es que el origen de lo que se denomina hoy El Salvador –geográfico, político y culturalmente– ha sido desde sus “inicios” encubierto por la política del imperio norteamericano. Dalton cree que la consolidación de la burguesía nacional está estrechamente ligada a la entrada de Estados Unidos, y luego “apropiación” del espacio político y económico de la nación. Como ya expuse antes, si entendemos por “aborigen” que hay un problema indígena descubriremos que Dalton nada más utiliza este término para llevar a cabo su crítica colonial, después de todo no podemos olvidar que él, como sugiere Linda Craft, es un escritor descolonizador. Por el otro, si por “aborigen” entendemos un origen, ¿a qué origen se refiere? Fácilmente se que se refiere al origen de los problemas los cuales rehúsa hablar la burguesía nacional.


            Los problemas que acechan al pueblo salvadoreño son problemas que nacen debido a los engaños que ha sido sometido durante tanto tiempo: comenzando con la (neo)colonización hasta alcanzar el presente: el imperialismo estadounidense. De acuerdo a Dalton, la independencia no se llevó a cabo como lo han querido sostener siempre los voceros de la historia oficial. Por lo tanto, fue éste el primer gran engaño al que ha sido sometido nuestra cultura. Tal mentira se engendra debido a que los grandes hacendados querían asegurar el poder económico y político de la zona, así

la Independencia fuera más que todo para ellos
y los pobres centroamericanos siguieran allá abajo
explotados, humillados, hambreados, engañados y dependientes.
                                                                                               (Poemas Clandestinos, 98)

Debido a que “la Independencia fuera más que todos para ellos,” Dalton nos propone que con este evento se crean “dos retratos de la patria” (Las Historias Prohibidas, 189), dos culturas que no necesariamente son polos que luchan, pero que han estado en conflicto en tanto que una ha dominado la otra sin que los dominados se hayan dado cuenta del velo que han tenido tendido en los ojos por tanto tiempo. Pero ahora, como dice Dalton en el poema Des-cubrimiento, reclama que le dejen ver “la gran mentira”:

No me cubran los ojos.

Yo también
...
QUIERO VER.

Y no se pongan bravos
PORQUE AUN QUIERO VER.
                                                                                      (Un Libro Levemente Odioso, 128)

            Es con ese Des-cubrimiento que podemos entrar a hablar del plano estético de la obra de Dalton. Es importante reconocer que es en ese espacio que se justifica la reescritura hecha por él: es dentro del plano estético que su obra cobra múltiples dimensiones interpretativas, así contemporizando los problemas existentes dentro de la cultura salvadoreña. Cabe aquí recordar la advertencia de Alas, ya que dentro de ese espacio encontraremos que el “Roque literario” y el “Roque político”(personal) están entrelazados de tal forma que es difícil separarles. Al no percatarse de esa dualidad se termina haciendo, como advierte Frances Jaeger, una crítica que favorece una por encima de la otra. Aún más, es ignorando esa dualidad que la mayoría de los estudios daltonianos insisten siempre en “subrayar el aspecto político de su escritura, disminuyendo, como consecuencia, el aspecto literario” (Otros Roques, 19) [8] . Bajo ese doble filo de la crítica hacia los estudios daltonianos hay que preguntarse, ¿cuáles fueron los motivos que tuvo para hablar de “esos problemas” creados por la burguesía desde la colonia, que de otra manera no le afectaban de forma directa, debido a que él se había formado dentro la misma?


            Dalton, siendo parte de la clase pudiente de El Salvador, tuvo la oportunidad de experimentar y ver la vida en otros países del mundo, despertándole sospechas sobre el atraso existente en el “pequeño pulgarcito de América.” Mientras en el extranjero, debido a las situaciones históricas del momento, se dio cuenta de que los problemas del “pulgarcito” eran desconocidos para ese mundo que exhibía una situación distinta a la que él había percibido dentro del país. Esa será una de sus grandes actividades sociales: dar a conocer que “el drama salvadoreño sigue siendo en gran parte un drama ignorado” (El Salvador, 7). ¿Qué drama? ¿Por qué ignorado? ¿Ignorado por quien?


            Es un drama en cuanto la burguesía nacional prohíbe, a través del aparato político-militar, que se lleve a cabo una dialogización de los problemas. De cierta manera, la “pluralidad” necesaria para que ocurra un diálogo es interrumpida por las mentiras que viene enmascarando la burguesía desde hace más de un siglo en el poder. Por otra parte, el diálogo es, para utilizar el término de Julia Kristeva, “normalizado” por el sistema económico capitalista que opera en las estructuras políticas impuestas por la oligarquía terrateniente salvadoreña. Dalton lanza una crítica severa al capitalismo auspiciado por los terratenientes, y controlado por los Estados Unidos, puesto que éstos han ocultado perennemente “las fuerzas económicas que explotan y desangran al pueblo salvadoreño (al que le) han tendido un denso velo sobre el verdadero rostro del país” (El Salvador, 7). Para Dalton, dentro del sistema capitalista, es imposible mantener un diálogo entre pasado-presente, individuos-individuos, burguesía-pueblo, explotado-explotador, entre la cultura burguesa y la cultura del obrero.


            Falta responder a la pregunta de por qué el drama es ignorado y quiénes lo ignoran. Recurriendo al elemento antes propuesto, debido a que no hay diálogo entre afuera/ dentro del país, el mundo ignora la situación precaria a la que son sometidos diariamente todos los salvadoreños [9] . Por otra parte, es ignorado por los salvadoreños puesto que el aparato político-militar prohíbe que sepan “las verdades” de sus desgracias sociales. Finalmente, es ignorado en tanto que la burguesía no quiere reconocer los problemas que acechan al pueblo condicionado a la estructura política (y económica) de una oligarquía nacional.


            Con la antes expuesta división se puede ver como Dalton ilustra los “dos retratos de la patria” que han ido pintándose con la sangre de los de “allá abajo,” creando así una violenta situación de injusticia y miseria que se desarrolló perpetuando la imposición de la propiedad privada, que bajo una política explotadora se convierte en propiedad agraria. Es por ello que al construir una identidad cultural salvadoreña, hay que enfrentarse con el hecho de que “no hay... una vida nacional salvadoreña, no hay una cultura salvadoreña; lo que hay son dos vidas nacionales y dos culturas” (Recopilación, 459). Dentro de ese binomio, la cultura burguesa bajo la “constante y prolongada labor de ocultación y tergiversación”(El Salvador, 8), ha logrado someter a la cultura del oprimido en un pozo donde “ha sufrido graves deformaciones de conciencia que han obstaculizado su despertar para dar solución a sus problemas fundamentales de atraso y sometimiento” (Ibid).


            Debido al “atraso y sometimiento” impuesto por la cultura burguesa, la conciencia histórica del sujeto salvadoreño ha sido incapaz de “despertar” de esa gran mentira que es la independencia y creación de una nación. Siendo desplazados y alienados por la oligarquía, desde que se consolida la neocolonia, el pueblo salvadoreño ha vivido en el seno de esa mentira arrebatándoles “de sus manos la capacidad de hacer concientemente su propia historia” (El Salvador, 8). De la última cita emanan preguntas críticas a las que hay que responder: ¿Qué entiende Dalton por historia? Si la historia salvadoreña ha sido escrita por los voceros de la cultura burguesa, ¿qué significa ser salvadoreño? ¿Cuál es la nación?


            Para comprender lo que Dalton entiende por historia hay que primero proponer que su concepción del pasado no radica en una idealización de los eventos que llevaron a un pretérito. Para él, un evento ocurrido debe de ser ubicado dentro de “su contexto histórico-social para destacar las contradicciones fundamentales que dieron vida y movimiento a los fenómenos mismos, a los hechos en concretos” (Recopilación, 430). Así, su revisión de la historia y la cultura salvadoreña no cae en el intimismo de la historia personal, ya que nos plasma “el desarrollo evolutivo de los conflictos sociales que han ido configurando la salvadoreñidad” (Recopilación, 425).


            Al exponer las contradicciones enmascaradas por “las mentiras de la historia,” Dalton descubre que El Salvador tiene labrada su verdadera historia en un cementerio, el cual la cultura burguesa ha construido basada en las mentiras. La base fundacional de nuestra historia es la mentira y el engaño. Por ejemplo, en su poema Un geógrafo, él hace un mapa de la historia salvadoreña y encuentra que dentro de ese profundo espacio

La historia es un pozo
poblado por tipos pálidos
que se manejaron como terremotos.
...
De enfermos del vientre
...
De putitas sabias e intrigantes
...
De pueblos polvorientos y hoscos...
                                                                                              (El Turno del Ofendido, 90)

¿Qué quiere darnos a entender con eso de que “la historia es un pozo/ poblado por tipos pálidos”? Es importante señalar que Dalton antes que historiador se consideraba un poeta escudriñador del presente, por lo que le planteó la desmitificación de las mentiras de la historia oficial (Poesía y Militancia, 13) a través de una poética que “ofrece resistencias a cualquier anagnórisis” (Alas, 14). De esa manera, su literatura busca despertar esos “tipos pálidos” que han perdido de sus manos el derecho a escribir “la verdadera historia de nuestra cultura.” Aquí cabe recordar la advertencia de Alberto Moreiras, quien señala que la fundación histórica de la literatura latinoamericana es la insurrección de los muertos. No obstante, al referirse a los “muertos” que alude Dalton hay que tener cuidado, dado que esos “tipos pálidos” están “mediomuertos” debido a que los dueños de la historia oficial les han robado la palabra. Empero ese “mediomuerto” hoy grita, resistiendo toda mentira

Oíd, todos vosotros,
los que cual bendición contra la noche reciben mi palabra.
...
Oíd, oíd,
vosotros ,
aquellos a quienes insulté con la más clara verdad...
                                                                                              (La Ventana en el Rostro, 47)

 

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