Creado en 12 Octubre 2010
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Por Humberto Marshall

Tras el encuentro de Castro con periodistas venezolanos(agosto 8, 2010), Iroel Sánchez tuvo la ocurrencia de sacar lasca mediática a la referencia tangencial de aquel sobre Joaquín Villalobos, guerrillero salvadoreño transfigurado [vía Universidad de Oxford] en asesor de gobiernos derechistas, engarzándola con la denuncia de Juan José Dalton: «Joaquín Villalobos mató a mi padre».

 

Según Sánchez, «el extremista de 1975» Villalobos tejió contra Roque Dalton (1935-75) la intriga de ser agente de la CIA. Sin embargo, el artículo previo publicado por Cubadebatecomo reacción al viraje de Villalobos: ¿Quién mató a Roque Dalton?, de Hermann Bellinghausen, narra primero que Dalton recibió un tiro en la cabeza (mayo 10, 1975) «por decisión de tres de los cuatro miembros de la Comisión Militar del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel», para puntualizar después que Castro urdió la misma intriga: «acusó de agentes de la CIA a Villalobos y a sus socios del tribunal guerrillero».

Castro no se retractó de esta acusación contra Villalobos, pero dio a entender que no creyó en la imputación contra Dalton: «Todo eso se asocia con la muerte de un poeta, un gran poeta allá, que cuando lo acusaban de eso a uno le parecía calumnias, mentiras de las tantas que dicen». Y el propio Villalobos reconoció ante el hijo de Roque Dalton que «se le pone la carga de que era agente enemigo» dando crédito al «chisme» de que pudo fugarse de la cárcel «porque había colaborado la CIA». Lo curioso es que este «chisme» sobre Dalton hubiera dado más pie a Castro para tacharlo de agente de la CIA que los indicios para endilgar esta condición, por ejemplo, al «contratista Alan Gross».

 

Tal y como puede leerse en su collage novelado Pobrecito poeta que era yo (1976), la clandestinidad no impedía a Dalton ejercer su «derecho a salir y tomar una cerveza». Así que la policía terminó por apresarlo en un bar, a principios de septiembre de 1964, y meterlo en la prisión de Cojutepeque. Aquí un carcelero le confió: «hay posibilidades serias de que lo maten». Bajo semejante apremio Dalton horadó una pared de la celda y tuvo «la suerte loca» de que un terremoto propiciara la vía de escape. Roque contó también que antes lo interrogó un oficial americano en casa del coronel salvadoreño Mario Guerrero. Aquí se manejó ya que iban a hacer creer al Partido Comunista que al menos era informante de la CIA, si no desistía del empeño revolucionario y se dedicaba en otro país, con respaldo de la CIA, a vivir como escritor o scholar.Dalton escribió al respecto y conversó en detalle por lo menos con el novelista salvadoreño Manlio Argueta y los poetas Ernesto Cardenal (Nicaragua) y Nina Serrano (EE. UU.). Su ánimo era poner en la picota pública la injerencia de la Casa Blanca en El Salvador, pero nada más fácil que retorcer esa intención contra él mismo en nombre de «la revolución».

-Foto: La agente (1966-93) de la CIA Jonna Hiestand Mendez hacia 1988.

-Nota: Muchas acciones de los exiliados cubanos en contra de Castro nada tienen que ver con la CIA, pero está claro que muchos de ellos aprovechan viejas conexiones personales con agentes o ex agentes de la CIA. Por lo demás, la premisa de que toda acción del exilio anticastrista beligerante se vincula de algún modo con la CIA destruye otra premisa básica del castrismo: que la Red Avispa vigila(ba) tan sólo a grupos terroristas del exilio. Si detrás de ellos siempre está la CIA, los agentes infiltrados de Castro en el sur de la Florida vigilaban también a una agencia del gobierno de los EE. UU. y esto, aunque se trate de la peor agencia del peor gobierno del mundo, no puede menos que calificarse de espionaje.

 

Publicado en el sitio electrónico http://eichikawa.com/ en el mes de octubre de 2010.

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