Creado en 23 Noviembre 2009
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Por Ramón D. Rivas*

El autor considera que el gran sustento antropológico de la teoría literaria de  Roque Dalton es el rompimiento cultural y la visualización de la juventud como cultivo primordial que hay que cuidar.

Aún estoy leyendo el libro del doctor Carlos Roberto Paz Manzano titulado, La teoría literaria de Roque Dalton, recién publicado por la editorial de la Universidad de El Salvador. Después de meditar un poco, me surge la reflexión siguiente, que con gusto comparto con los lectores: ¿Por qué el Estado, siendo de derecha por muchos años, insertó a este escritor en el imaginario nacional? Y es que, después de 1992, los espacios estatales ofrecidos para la libertad artística, ya sea literaria, pictórica y musical, es hasta cierto punto amplio. Pareciera que desde 1992 se inicia una especie de refundación del país, donde se buscan nuevas bases culturales.

Roque Dalton es quizá el único escritor en este país de quien sus libros se encuentran a escala nacional, y que es leído por todos los sectores, sin distinción de ideología. Dalton, es el escritor que trata con su obra la conformación de un tipo de sociedad diferente a la tradicional. Se nota una efervescencia en todo este campo. Muchos parten de la idea de que la producción cultural no tiene un asidero ideológico propio.

La pregunta es: ¿Existe en todo ese quehacer cultural una propuesta social alternativa al arte oficial, entendido éste como el que responde a intereses de homogenización cultural por parte del Estado? Es decir, ese arte que nosotros hemos aprendido a conocer y que ha sido tildado de decimonónico, tradicional, conservador.

Naturalmente que existe, y lo podemos observar ya sea en la música, en la plástica, en la literatura, en la escultura y hasta en el graffiti. Tenemos manifestaciones de este último, que se ha revelado contra el orden establecido; es precisamente el que busca romper los cánones y las formas dominantes de control social. Pero en una sociedad como la nuestra esos artistas tienen que luchar contra la estigmatización y el rechazo por parte de una sociedad intolerante.

De acuerdo con el antropólogo Víctor Turnner, “el arte es uno de los espacios sagrados donde se reproduce la simbología nacional que sustenta a la sociedad nacional.  Y sus representantes son vistos también como íconos, se han convertido como referentes identitarios”.

Hemos aprendido de la teoría marxista que las mentalidades colectivas son lentas en su transformación y cambio, aunque existen discursos contra hegemónicos que proclaman unas formas más justas de inserción en el imaginario nacional; por ejemplo, los sectores subalternos.

Y es que la interiorización de una diferencia cultural se da sobre la base material al preguntarnos ¿Quién soy yo en la jerarquía de clases? ¿Cuáles son mis vínculos con los otros miembros de mi clase? Eso lleva a la formación de una conciencia de clase y a la articulación de una simbología y cultura diferente a la hegemónica.

Entonces, ¿qué hacer para que el arte contemporáneo con todas sus manifestaciones sea insertado en ese imaginario colectivo, como ha sucedido con ese arte oficial, con todas sus dimensiones e impactos que hoy conocemos? ¿Por qué personajes como Roque Dalton han sabido insertarse en el imaginario nacional? ¿Por qué hasta la misma derecha ha contribuido a ello? ¿Cuál ha sido el interés del Estado en ello? En este país, en los veinte años de ARENA en el poder, es cuando su obra más se ha difundido. Uno de los grandes aportes de los gobiernos areneros ha sido el difundir el discurso intelectual de Roque Dalton.

¿Qué papel tienen que jugar los intelectuales en la promoción del cambio social? Los intelectuales son los llamados a promover el cambio cultural en la sociedad, a partir del análisis y reflexión de los problemas cruciales de la sociedad en todos sus ámbitos, y en esto el arte debe ser el canal de expresión del descontento social.  Pienso aquí en la impresionante y bien lograda obra del muralista nacional Isaías Mata, entre otros y en la magistral obra plástica del maestro Camilo Minero. Cuidado con ese tipo de comunicados panfletarios que ahora circulan por doquier y hasta con fotos sobre cultura e intelectualidad.

Y es que estoy seguro de que la cultura, en todas sus manifestaciones, es el canal de la sensibilización social. Pero, ¿qué hacer para que las expresiones culturales no queden solo en meros activismos culturales por parte del Estado (dígase danza y música folklórica, escritores que solo escriben para ellos mismos, etc.) Esto ha sucedido en las últimas administraciones de derecha. Cuidado como seguimos en lo mismo y solo nos cambiamos de vestido. Es necesario un proyecto de nación más incluyente hacia nuevas subjetividades, grupos y actores sociales.

En otras palabras, se trata ahora de hacer cultura, de cultivar el arte en todas sus manifestaciones con un verdadero sentido nacional, donde todos participemos y nos integremos a ese hacer cultural.

La cultura no la hace una élite, la cultura se hace entre todos los que conformamos la nación; sean niños, jóvenes, mujeres ancianos, indígenas, trabajadores, etc. Y es que, a la par de ese panteón de héroes y símbolos nacionales, también está el ciudadano común y corriente. Ahora, ¿cómo insertar la cultura en todas sus dimensiones en ese ciudadano “de a pie”? Todo esto pasa por la sensibilización cultural que permita la expresión del disentimiento y la crítica.

Los medios de comunicación, el sistema educativo, las diferentes iglesias, los partidos políticos, y el Estado, deben promover esa efervescencia, ese deseo latente, esa expresión del ser humano, pues eso es cultura, lo que se hace, lo que se ve, lo que cada día se transforma.

El reto es grande para las instituciones y la sociedad en esa tarea de la creación y renovación cultural, con el fin de enfrentar los nuevos desafíos que el mundo impone. En el libro del doctor Paz Manzano, Dalton plantea la pregunta (p. 238). ¿Cuál será nuestra fe? Y responde que es la esperanza que proviene de la juventud, de que somos un pueblo joven.

En este sentido, considero que es importante señalar que, hasta ese momento (cuando Roque vivió), la legislación salvadoreña había concebido a los jóvenes no como un elemento cultural fundamental en el cambio social, sino como un grupo al cual había que educar y castigar.

Esto es importante reflexionarlo, ya que Dalton ve en los jóvenes la esperanza del cambio cultural. Entonces, ese es el sector que está llamado a dar el giro cultural que el país necesita: los jóvenes. La tarea está ahora en manos de las instancias educativas y culturales que tienen ingerencia en esto. Ese es el gran sustento antropológico que encuentro en la teoría literaria de  Roque Dalton, precisamente, ese rompimiento cultural y la visualización de la juventud como cultivo primordial que hay que cuidar. En este libro se lee acerca de un Roque redivivo.



* Antropólogo salvadoreño. Director del Museo Universitario de Antropología de la Universidad Tecnológica de El Salvador. Artículo publicado el 20 de noviembre de 2009, en el Diario Colatino.

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